"Te he dejado en el sillón las pinturas y una historia en blanco... No hay principio ni final, sólo lo que quieras ir contando...
Y al respirar, intenta ser quien ponga el aire que al inhalar te traiga el mundo de esta parte..."
Vetusta Morla - Al respirar
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miércoles, 12 de octubre de 2016

Mi espina

Recorre mi espina dorsal una sensación escalofriante cuando, café en mano, hoy enciendo el televisor y me encuentro con el desfile militar que tradicionalmente se celebra cada 12 de octubre en Madrid, bajo la atenta mirada de peces gordos de la política, reyes, reinas e infantas.
Anoche estuve viendo en la ETB2 la película "Lasa y Zabala", dirigida por Pablo Malo. Aunque, desde mi punto de vista, no es una película cinematográficamente reseñable, hay que reconocer la labor de memoria histórica que realiza en estos tiempos. Parece que padecemos una amnesia generalizada que no nos deja ver más allá de lo que los medios nos inyectan por los ojos, bajo el filtro de las grandes corporaciones.
El desfile de oda a la Guardia Civil, la Legión, y demás cuerpos militares, unido a la falta de memoria, de justicia, de reconocimiento, y de reparación que define a esta tierra, donde creemos que lo que no se mira no existe... me produce verdaderamente escalofríos. Y siempre de la mano de símbolos católicos, en un país que se presupone laico, en unas estructuras militares pagadas con nuestros impuestos públicos.

Cambio de canal y veo que en 13tv retransmiten la Santa Misa de la Virgen del Pilar. En la pantalla aparecen dos niños monaguillos, de unos 9 años aproximadamente, cantando un salmo que me deja atónita:
"EL SEÑOR ME HA CORONADO, SOBRE LA COLUMNA ME HA EXALTADO.
El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar?. R.-
Si un ejército acampa contra mí, mi corazón no tiembla; si me declaran la guerra, me siento tranquilo. R.-
Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida; gozar de la dulzura del Señor, contemplando su templo. R.-
Él me protegerá en su tienda, el día del peligro; me esconderá en lo escondido de su morada, me alzará sobre la roca. R.-"

En plena Pilarica, dos niños cantando un salmo que si escuchásemos en una mezquita y cambiáramos la palabra "Señor" por "Alá" tacharíamos de apología del terrorismo yihadista.
En pleno día de la Hispanidad, oda colonial y usurpadora con el catolicismo por banda. Himno a la guerra santa, apostólica y romana.

El cine puede ser una buena, aunque insuficiente, herramienta para suplir esa falta de memoria y responsabilidad institucional. Por ello os recomiendo tres pelis en un día tan festivo como hoy:

- Lasa y Zabala, de Pablo Malo. Basada en el sumario de uno de los casos más espeluznantes de terrorismo de Estado acaecidos aquí.

- El abrazo de la serpiente, de Ciro Guerra. Impresionante película colombiana que pone en valor las culturas precoloniales y no edulcora la barbarie que la Evangelización Católica ha llegado a producir.

- El hombre de las mil caras, de Alberto Rodríguez. Película de estética estadounidense, muy bien narrada y que más allá de la historia real que recuerda, retrata estupendamente el funcionamiento de este país, también en la actualidad.

Como dijo no sé quien, es necesario conocer el pasado para comprender el presente e imaginar el futuro.

Y ya me despido, con una frase de los zaragozanos Héroes del Silencio, con todo mi dolor:http://www.filmaffinity.com/es/film215267.html

"Éste es mi sitio, y ésta es mi espina.
Iberia sumergida en sus rumores clandestinos."
 
Eva

sábado, 12 de enero de 2013

U12 Bilbora

Mi villa despiadada. Ecos de deleite y dolor. Odio mercantil-izado. Aprendizaje a la fuerza. Aterrizaje forzoso. Reflejos de inocencia ahogados en la ría.
Eva

sábado, 24 de noviembre de 2012

Parches y excusas

Como el pesimismo que arroja una novela de ciencia ficción futurista, ante un porvenir desangelado. Así nos sentimos muchos, en una España que hoy más que nunca, involuciona a pasos agigantados. La impotencia nos corroe, y la asfixia se va incorporando a cada uno de los ámbitos de nuestra vida cotidiana abanderada con el nombre de recortes. El surrealismo de la situación muchas veces nos deja en un mutis anonadado. Para cuando la digestión de tanta injusticia nos lo permite, y logramos alzar la voz con indignación y rabia, nos callan. Y hay muchas maneras de hacerlo. Nos ignoran. Nos invisibilizan. Nos maltratan, a porrazo y pelotazo limpio, sin motivo humanamente comprensible. 
Y apelar a la justicia poco a poco queda relegado a los pudientes. 
¡¡¡SOS!!!

Eva

domingo, 12 de agosto de 2012

Cinismo

"Tengo silencios de dinamita
y un pasado de relojería"
La Cabra Mecánica - Como un animal

Se sentía más realista que nunca. A estas alturas, cierta ponzoña corría por sus venas, esa que envenena los buenos sentimientos con rencor, rabia y misantropía. Era la dosis perfecta de realidad desencantada en su mundo de pájaros y mariposas. Había visto, oído y vivido tanto en tan poco tiempo, que destilaba puro agnosticismo del infierno de la vida humana por los cuatro costados. Filantropía manifiesta. Misantropía real. La hipocresía, esa característica tan puramente humana, tan teatrera y en ocasiones cobarde, la había contagiado a ella también. Y ella no se resistía al cambio. Se decía que la honestidad es un preciado bien para quien bien lo merece. 

Ciertos apologistas de esa cualidad se le descubrieron como sumum del cinismo algún tiempo atrás, como ya hubieran hecho otros personajes encubriendo personas en cada uno de los rincones de la tierra, como tantos otros que le quedaban por conocer. Algunos, de tinte maquiavélico y tóxico, practicaban deportivamente el cinismo. Podían llegar a ser realmente peligrosos si al cóctel se le añadía una prudencial dosis de ingenuidad e inocencia por la otra parte. Eran ese tipo de personas sobre cuyos nichos se monta un tablao flamenco. Otros, de cariz imbécil, pecaban de tales carencias en su desarrollo cognitivo y/o emocional, que sin querer, y en un derroche de cobardía, se daban al cinismo como aparente sencilla solución a sus conflictos, a modo de avestruces con la cabeza bajo tierra sintiéndose desaparecer.

Sea como fuere, las consecuencias de ambos eran bastante parecidas, casi siempre nefastas: una disminución exponencial del nivel de inocencia en la especie humana. Sí, exponencial, pues el contagio de cinismo podía adquirir tasas cercanas a la pandemia.

Afortunadamente, ante esta calamidad de mundo infecto, todavía quedaba gente bien merecedora de honestidad, escasos especímenes ocultos en los rincones más insospechados, que daban luz a una existencia oscura.
Y ella, dejando atrás el dolor, ya no se sentía ni sola ni marciana.
Eva

Como un animal by La Cabra Mecánica on Grooveshark

jueves, 8 de marzo de 2012

En estos difíciles, oscuros, deshumanizados tiempos, ¿qué significa ser mujer? ¿A cuántos valores tradicionales se aferrará la demagogia para volver a atarnos a la pata de la cama, mientras "los hombres resuelven la dichosa crisis"? ¿Cuántos sacrificios de libertad nos exigirán en pro de lo que "se considera más importante"? ¿Por qué seguimos siendo accesorias, lo otro, la alteridad, cuando sumamos más de la mitad de la población mundial? ¿Por qué se nos sigue considerando un derroche, un rizar el rizo, una queja por demás?

NO MÁS DESFALCOS CONTRA LA LIBERTAD Y LOS DERECHOS HUMANOS DE LAS MUJERES.

FELIZ DÍA, FELIZ LUCHA

Eva

viernes, 17 de febrero de 2012

Violinista del Titanic

"En los tiempos sombríos, 
¿se cantará también?
También se cantará 
sobre los tiempos sombríos"
Bertolt Brecht

Incertidumbre. Horizontes opacos. 
Cainismo. Humanidad deshumanizada. 
Caos. Decrepitud moral. Inseguridad. 
Crisis sistémica, estructural, existencial. 
Algo de circo y Moloko Vellocet:
Directo al cerebro.

No pienso. No grito. No lloro.
Canto. Sólo canto. Y siento.
Me veo, en este instante.
No proyecto, soy.
No sueño, conozco.
Y te vivo, íntegramente,
única realidad que 
merece ser escuchada.
Eva

jueves, 5 de enero de 2012

Me voici

"Antes de rendirnos fuimos eternos"
Ismael Serrano


Todavía existo. 

Aún respiro. 


Todavía vivo. 
Aún lloro, río 
o ambas cosas a la vez. 


Todavía siento. 
Aún gozo, sufro o masco 
el sabor agridulce de los días. 


Todavía


Aún


Contigo



Sin ti


Coucou me voici!


Ni las cosas, ni las personas, 
se pulverizan por el mero hecho de no mirarlas.


Aunque probablemente sea anhelo de muchos.


Eva

domingo, 25 de diciembre de 2011

Preguntas

Autobuses urbanos modernos. Con adoctrinantes pantallas LED informativas. Un niño de unos ocho años las observa atento entre el traqueteo y el gentío de las masas navideñas. "¡Papá, papá! Mira, hoy es el día internacional de los niños enfermos de cáncer" - El padre observa descuidadamente la pantalla que emite la noticia - "Qué pena, qué desgracia. Es horroroso, pobres niños..." - verbaliza entrecortadamente y casi por cumplir, para después continuar hablando del tiempo con un conocido que comparte bus.  Mas el niño, con su inocente capacidad inquisitiva, continúa sumergido en su bahía de dudas. "Papá, ¿y cómo se coge el cáncer?". El padre, lívido, sólo acierta a contestar incómodamente "Vamos a dejar el tema, hijo, mejor vamos a dejarlo".
Y la bahía de dudas se torna en océano de miedos, bajo la atenta mirada de los nuberus.
Eva

domingo, 23 de octubre de 2011

Nadie nos espera tanto como el horizonte

"Il est temps de sortir du sommeil des reines
car nul ne vous attend autant que l'horizon"
Dominique A - L'horizon

Aquella mañana el estrépito del portero automático la despertó salvándola del desenlace de su pesadilla. No se movió un milímetro, necesitaba digerir lo que su inconsciente, paradójicamente, le aportaba como bálsamo de sus deseos imposibles. ¿Se puede disfrutar una pesadilla? ¿Anhelamos fines, aunque amargos? ¿Deseamos puntos finales a costa de todo?
Ella. Sólo ella. Hacía tiempo que no descubría nada nuevo. La vida le reafirmaba ser una sucesión de desencantos y desengaños reiterativos, espiral inacabada en la que a cada vuelta de tuerca la mella de las heridas se hacía más superficial, las cicatrices más callosas, las almas más insensibles.
Y cada vez la embargaba más cotidianamente la serena sensación, de origen incierto, de que moriría joven.
Eva

viernes, 16 de septiembre de 2011

Como siempre

"Oye, ¿y qué tal tu verano? Bueno, tú bien, ¡como siempre!"

lunes, 12 de septiembre de 2011

La sátira del chocolate

"Take for the falling rain a hat.
Find another story to be told to your ears at night.
No, no, my, my..."

Russian Red - A hat

Como morderse una llaga. Punzante, intenso, hiriente.
Gusto ferroso, frío, metálico. Me oxido, me oxido más.
La sangre corre, junto a la sátira del chocolate.

Perdida en el dulce amargor indescifrable.

Eva


martes, 2 de agosto de 2011

(IV) Avec le rouge

Rojo terroso. Azul cielo. Ladrillo visto. Catedrales de ladrillos. Ciudad Lego. Roja terrosa.
España candente, a mi alrededor. Resuena, se siente.
Pretenciosos ladrillos. Garona insolente. Me hace un hueco en su oleaje fluvial. Brisa francesa. Ondas sinusoidales. Acordes de guitarra.
Da capo a fine.
Eva

(III) Avec la pluie

Saint-Étienne se me revela soso y aburrido. Contraste descafeinado disfrazado de café crème, todo sabe a poco. No cesa en su presencia un peculiar zirimiri francés, melancólica humedad aislada, aburrimiento vestido de verde y gris.
Comienzo textualmente a echar en falta el trato humano corriente y común, parlotear con cualquier clase de individuo sobre la más absoluta nimiedad.
Y es que, a veces, la lluvia no es suficiente.
Eva

(II) Avec toi

"Tu as appris à prendre le temps de vivre
et que le bonheur ne coûte rien,
qu'il se propage avec un simple sourire,
un simple mot..."
Extracto de escrito encontrado en el barrio de la Croix Rousse (ver foto), Lyon

Comienzo no a echar en falta, sino a no repudiar el trato humano. Ya me río con los comentarios que escucho, reacciono a los guiños y me imagino en los mismos lugares acompañada, para poner como colofón, la guinda a cada pastel.

Y la compañía en mi imaginario siempre suele ser la misma.

Eva


(I) Avec moi

Un niño que no llega al año juega conmigo entre miradas. Para nosotros no es barrera el idioma, ya inventamos otros lenguajes.
Las palomas de Parc Monceau me acorralan en mi trocito de césped, desconocedoras del miedo, apoderadas de la ciudad.
Dentro de poco será necesario salir a las calles de París con raqueta, pues las aves obvian la presencia de seres humanos hasta límites insospechados.
¿Disfrutaría Hitchcock aquí?

Eva

lunes, 30 de mayo de 2011

Alicia 7.0

Siete. S I E T E. Alicia se detuvo por un instante a observar aquel azulejo que numeraba el portal de enfrente, haciendo del significante alfanumérico fonemas en sus oídos y letras en su mente. La lluvia rebotaba rítmicamente en el toldo del Rvbicón creando una atmósfera onírica. Allí resguardada, fumaba tranquilamente un cigarro mal liado que resultó ser su salvación. A pesar de bajarle la tensión y provocarle por falta de costumbre temblores, mareos y ocasional coloración amarilla de la piel, en aquel momento le libraba momentáneamente de una compañía de mesa un tanto forzada, que esperaba en el interior del local. Se aburría, sí, y necesitaba oxígeno. Aunque hubiera que mezclarlo con monóxido de carbono como excusa.

La calle del Sol se perfilaba prácticamente desierta a esas horas de la noche. Alicia seguía absorta en su siete, rozando lo metafísico, cuando desvió su atención un chico, 25 años 27, que irrumpió en aquel portal numerado tras cruzarle una mirada gatuna. Como felina en celo, con taquicardia y sin pensarlo dos veces, cruzó los escasos metros de calle que la separaban del número siete, siete pasos contó, y empujó con contundencia aquella puerta entreabierta cuando sintió tal quemazón en los dedos que de golpe aterrizó de nuevo en la realidad de su cigarro consumido a la puerta del bar. Su intención de transformarse en depredadora se mojó las ganas en birra con palomitas con pimienta, todo lo picante que podría esperar de la compañía monocroma que aguardaba en aquella mesa.



Apuró su cerveza sin prisa pero sin pausa, uniendo precaución y velocidad, lo suficiente para largarse de allí cuanto antes con una buena excusa sin desmerecer la compañía. No le hacía falta pensarse ni dos veces si repetir la experiencia. Alicia ya no sabía si sentirse esnob, elitista o pretenciosa por tener tan claro cuando intentaba mezclar agua y aceite. Pero si hay algo que no soportaba era el tedio.

Santander jarreaba en su camino de vuelta a casa sin paraguas. Comenzó a correr, no quedaba mucho para llegar al túnel de Puertochico. 700 metros de camino oscuro, solitario, tóxico y lúgubre. Marcó paso decidido, enraizándose con cada zancada a los bajos fondos de Santander. Cada vez pisaba más fuerte, intentando canalizar la frustración del vacío. Una baldosa suelta basculó salpicándola entera. En lugar de gritar o llorar histéricamente, siguió zapateando cada baldosa del camino con rabia, cada vez más fuerte, con el sueño de destrozar el suelo, de vengarse del túnel, aunque se llevase sus pies por delante. Estaba tan cegada por la ira, tan calada y tan fría que no apercibió que realmente el suelo comenzaba a ceder, y cada zapatazo adelante se hundía más y más, tragándola poco a poco a modo de arenas movedizas. Su último pisotón con pie derecho hizo temblar el suelo y el mundo rugió. Una grieta se abrió tras la furia de Alicia, que empezó a caer y caer cuando todo se tornó aún más oscuro.



Recobró el conocimiento de golpe, con una sacudida estilo Tarantino tras inyección intracardíaca de adrenalina, al borde del asfixio. El agua la vapuleaba de un lado a otro, las corrientes marinas hacían de ella veleta a su merced. El salitre le salía por las orejas y le escocía en los ojos. A su alrededor, decenas de amenazantes y enormes rocas afiladas. Su ropa mojada pesaba unas siete veces más de lo habitual y encadenaba a Alicia a una muerte segura. Intentaba resistirse al movimiento de las olas, pero era inútil. La resignación no tardó en llegar y, exhausta, se dejó llevar hacia el fondo cansada de resistir los envites de la vida.

Comenzó a hundirse despacio, sinuosamente, así como las hojas otoñales se dejan caer. A punto de perder la consciencia, la última visión borrosa y ultramarina que registró fue una sombra de gran envergadura acercándose hacia ella con la soltura de un pez en el agua.



“¡Ay, Alicia! ¿Qué ha sido de tus sueños? ¿Qué ha sido de tu luz?” Era la cantinela que se oía cuando reaccionó bruscamente regurgitando agua marina. A poco estuvo de un infarto cuando descubrió al locutor de aquellas palabras, ¿realmente le estaba hablando un delfín? ¿estaba muerta? ¿quizás delirante? Sea lo que fuere, ese enigmático y surrealista animal la había depositado sana y salva al borde de la pequeña isla de Mouro, y esa era su increíble realidad actual.

“Eh… ¿Quééé? ¿Quién eres? ¿Cómo he llegado aquí?”, logró verbalizar Alicia a pesar del mutismo que le había causado en un primer momento su asombro.

“Ay, chiquilla… no preguntes obviedades e intenta reservarte para DulceFlor, ¡esto parece más grave de lo que imaginaba!”, contestó el delfín parlante, “Corre hacia el faro, ¡calamidad! Ella te espera arriba”. Y sin una palabra más, el delfín parlante se adentró ligero en el Cantábrico diluyéndose en el horizonte.



Alicia atravesó el rocoso paraje hasta llegar al faro. No le quedaba opción, estaba totalmente aislada en una isla desierta sin más alternativa que hablar con la tal DulceFlor, sin saber muy bien con qué finalidad. El faro se mostraba imponente, una vieja puerta de madera marcaba su umbral. Se adentró en él y comenzó a subir una eterna escalera de caracol. Un número arañado en la pared indicaba los peldaños restantes hasta arriba, 777. Fue pisando escalón por escalón con hastío. En el séptimo, descubrió en sus vaqueros, aún empapados, un gran siete sobre su muslo derecho, mostrando su nívea piel. Sangraba.

Cuando alcanzó las alturas, apenas acertaba a respirar con ritmo. La sala tenía en su pared un extraño reloj daliniano, detenido a las siete. La gran lámpara ocupaba todo el espacio central, y una mesa al fondo soportaba una maceta colorida. En ella se elevaba majestuosa una danzarina flor fucsia, con ojos avispados. “¡Alicia!”, exclamó, “¿tan desencantada estás que ya regalas tu alma al diablo? Si vas a atreverte a merodear los escombros del Puente al menos deberías cotizarte mejor y venderla, ¿no crees?”, dijo burlona. “Ya, ya sé que tienes muchas preguntas, pero yo ¡no acepto diálogo alguno! Así que siéntate y escucha. Y sobre todo… recuerda”. Lo que le faltaba, ¡una flor parlante y monologuista!

“¿Qué ha sido de la verdadera Alicia, de aquella soñadora vital? Siete vidas tiene un gato ¿En qué gastas tu tiempo, pequeña? Obsérvate, querida, ¿miras lo que ves o ves lo que miras? ¿recuerdas la última vez que te temblaron las piernas? ¿la última vez que te hipnotizaron con una mirada? Recuerda, Alicia, ¡recuerda! Recuerda la última vez que te revolvieron las pecas, y no dejes de perseguir esa sensación… nunca. En grandes y pequeñas cosas, ¡nunca!”. Una corriente de viento abrió de golpe una de las cristaleras dando pie al abismo, mientras DulceFlor lanzaba su última exclamación “¡Ahora y siempre Alicia!... ¡vuela! ¡y brilla!”

Y movida por una energía cósmica, Alicia, sin vacilar ni un instante, dio siete pasos al frente y saltó al abismo.

Abrió los ojos y se encontró en su mirada. Qué más da dónde, qué más da cuándo, qué más da por qué. Las pecas de sus mejillas revolotearon de nuevo.

Y no hacían falta más preguntas. Solamente ser.

Eva

jueves, 21 de abril de 2011

El momento cigarro

A veces, la felicidad se resume en un solo momento.
Un cigarro bien liado, una terraza cualquiera,
un cielo que observar detenidamente, saboreando el tiempo.
Una buena canción de fondo. El momento solitario.
Tiempo para una. Nada más.
Not merchandise.
Eva

miércoles, 20 de abril de 2011

Piel con piel.

Cálida penumbra.

Entrelazados.

Caídos en sus miradas.

***

Es tarde.

"¡Estamos cerrando!"

Alicia deja de soñar.

Y se encuentra en sus ojos.

Furtiva.

Lejana.

Eva
(Música -> Imagen -> Composición)


Jevetta Steele - Calling you

martes, 22 de marzo de 2011

We don't need to say goodbye

Cuando la brisa marina me envuelve, siento disolverme en ella. Etérea y vacilante, oscilo por colinas, acantilados y horizontes, sin dirección concreta, sin objetivo claro, sin pesos en las alas.
Cuando las olas se tornan bravas, siento que me absorbe su resaca, como caracola desarraigada, ligera y sin miedo, destino remolinos insospechados, simas abisales, someras preocupaciones.
Creo que al fin lo he logrado.
Fluyo.
Eva

jueves, 3 de marzo de 2011

Humana

"Sé que tengo que esquivar las balas
y bailar al son de su silbido"

Maga - Martes

Tanto empeño en mejorar, tantas ganas de crecer,
de aspirar a la perfección, autoexigiéndonos en su búsqueda,
para, al final, darnos cuenta de que lo importante y esencial,
es aprender a perdonarnos los tropiezos,
enternecernos con nuestras caídas
y sus trayectorias cíclicas.
Pulir las técnicas de aterrizaje forzoso
y despegue de emergencia.
Y entre vuelo y vuelo,
disfrutar el trayecto.
Eva