miércoles, 12 de octubre de 2016
Mi espina
sábado, 12 de enero de 2013
U12 Bilbora
Eva
sábado, 24 de noviembre de 2012
Parches y excusas
domingo, 12 de agosto de 2012
Cinismo
viernes, 17 de febrero de 2012
Violinista del Titanic
jueves, 5 de enero de 2012
Me voici
Todavía existo.
Aún respiro.
Todavía vivo.
Aún lloro, río
o ambas cosas a la vez.
Todavía siento.
Aún gozo, sufro o masco el sabor agridulce de los días.
Todavía
Aún
Contigo
Sin ti
Coucou me voici!
Ni las cosas, ni las personas,
se pulverizan por el mero hecho de no mirarlas.
Aunque probablemente sea anhelo de muchos.
Eva
domingo, 25 de diciembre de 2011
Preguntas
domingo, 23 de octubre de 2011
Nadie nos espera tanto como el horizonte
car nul ne vous attend autant que l'horizon"
Dominique A - L'horizon
Ella. Sólo ella. Hacía tiempo que no descubría nada nuevo. La vida le reafirmaba ser una sucesión de desencantos y desengaños reiterativos, espiral inacabada en la que a cada vuelta de tuerca la mella de las heridas se hacía más superficial, las cicatrices más callosas, las almas más insensibles.
Y cada vez la embargaba más cotidianamente la serena sensación, de origen incierto, de que moriría joven.
Eva
lunes, 12 de septiembre de 2011
La sátira del chocolate
Find another story to be told to your ears at night.
No, no, my, my..."
Russian Red - A hat
Como morderse una llaga. Punzante, intenso, hiriente.
Gusto ferroso, frío, metálico. Me oxido, me oxido más.
La sangre corre, junto a la sátira del chocolate.
Perdida en el dulce amargor indescifrable.
Eva
lunes, 30 de mayo de 2011
Alicia 7.0
Siete. S I E T E. Alicia se detuvo por un instante a observar aquel azulejo que numeraba el portal de enfrente, haciendo del significante alfanumérico fonemas en sus oídos y letras en su mente. La lluvia rebotaba rítmicamente en el toldo del Rvbicón creando una atmósfera onírica. Allí resguardada, fumaba tranquilamente un cigarro mal liado que resultó ser su salvación. A pesar de bajarle la tensión y provocarle por falta de costumbre temblores, mareos y ocasional coloración amarilla de la piel, en aquel momento le libraba momentáneamente de una compañía de mesa un tanto forzada, que esperaba en el interior del local. Se aburría, sí, y necesitaba oxígeno. Aunque hubiera que mezclarlo con monóxido de carbono como excusa.
La calle del Sol se perfilaba prácticamente desierta a esas horas de la noche. Alicia seguía absorta en su siete, rozando lo metafísico, cuando desvió su atención un chico, 25 años 27, que irrumpió en aquel portal numerado tras cruzarle una mirada gatuna. Como felina en celo, con taquicardia y sin pensarlo dos veces, cruzó los escasos metros de calle que la separaban del número siete, siete pasos contó, y empujó con contundencia aquella puerta entreabierta cuando sintió tal quemazón en los dedos que de golpe aterrizó de nuevo en la realidad de su cigarro consumido a la puerta del bar. Su intención de transformarse en depredadora se mojó las ganas en birra con palomitas con pimienta, todo lo picante que podría esperar de la compañía monocroma que aguardaba en aquella mesa.
Apuró su cerveza sin prisa pero sin pausa, uniendo precaución y velocidad, lo suficiente para largarse de allí cuanto antes con una buena excusa sin desmerecer la compañía. No le hacía falta pensarse ni dos veces si repetir la experiencia. Alicia ya no sabía si sentirse esnob, elitista o pretenciosa por tener tan claro cuando intentaba mezclar agua y aceite. Pero si hay algo que no soportaba era el tedio.
Santander jarreaba en su camino de vuelta a casa sin paraguas. Comenzó a correr, no quedaba mucho para llegar al túnel de Puertochico. 700 metros de camino oscuro, solitario, tóxico y lúgubre. Marcó paso decidido, enraizándose con cada zancada a los bajos fondos de Santander. Cada vez pisaba más fuerte, intentando canalizar la frustración del vacío. Una baldosa suelta basculó salpicándola entera. En lugar de gritar o llorar histéricamente, siguió zapateando cada baldosa del camino con rabia, cada vez más fuerte, con el sueño de destrozar el suelo, de vengarse del túnel, aunque se llevase sus pies por delante. Estaba tan cegada por la ira, tan calada y tan fría que no apercibió que realmente el suelo comenzaba a ceder, y cada zapatazo adelante se hundía más y más, tragándola poco a poco a modo de arenas movedizas. Su último pisotón con pie derecho hizo temblar el suelo y el mundo rugió. Una grieta se abrió tras la furia de Alicia, que empezó a caer y caer cuando todo se tornó aún más oscuro.
Recobró el conocimiento de golpe, con una sacudida estilo Tarantino tras inyección intracardíaca de adrenalina, al borde del asfixio. El agua la vapuleaba de un lado a otro, las corrientes marinas hacían de ella veleta a su merced. El salitre le salía por las orejas y le escocía en los ojos. A su alrededor, decenas de amenazantes y enormes rocas afiladas. Su ropa mojada pesaba unas siete veces más de lo habitual y encadenaba a Alicia a una muerte segura. Intentaba resistirse al movimiento de las olas, pero era inútil. La resignación no tardó en llegar y, exhausta, se dejó llevar hacia el fondo cansada de resistir los envites de la vida.
Comenzó a hundirse despacio, sinuosamente, así como las hojas otoñales se dejan caer. A punto de perder la consciencia, la última visión borrosa y ultramarina que registró fue una sombra de gran envergadura acercándose hacia ella con la soltura de un pez en el agua.
“¡Ay, Alicia! ¿Qué ha sido de tus sueños? ¿Qué ha sido de tu luz?” Era la cantinela que se oía cuando reaccionó bruscamente regurgitando agua marina. A poco estuvo de un infarto cuando descubrió al locutor de aquellas palabras, ¿realmente le estaba hablando un delfín? ¿estaba muerta? ¿quizás delirante? Sea lo que fuere, ese enigmático y surrealista animal la había depositado sana y salva al borde de la pequeña isla de Mouro, y esa era su increíble realidad actual.
“Eh… ¿Quééé? ¿Quién eres? ¿Cómo he llegado aquí?”, logró verbalizar Alicia a pesar del mutismo que le había causado en un primer momento su asombro.
“Ay, chiquilla… no preguntes obviedades e intenta reservarte para DulceFlor, ¡esto parece más grave de lo que imaginaba!”, contestó el delfín parlante, “Corre hacia el faro, ¡calamidad! Ella te espera arriba”. Y sin una palabra más, el delfín parlante se adentró ligero en el Cantábrico diluyéndose en el horizonte.
Alicia atravesó el rocoso paraje hasta llegar al faro. No le quedaba opción, estaba totalmente aislada en una isla desierta sin más alternativa que hablar con la tal DulceFlor, sin saber muy bien con qué finalidad. El faro se mostraba imponente, una vieja puerta de madera marcaba su umbral. Se adentró en él y comenzó a subir una eterna escalera de caracol. Un número arañado en la pared indicaba los peldaños restantes hasta arriba, 777. Fue pisando escalón por escalón con hastío. En el séptimo, descubrió en sus vaqueros, aún empapados, un gran siete sobre su muslo derecho, mostrando su nívea piel. Sangraba.
Cuando alcanzó las alturas, apenas acertaba a respirar con ritmo. La sala tenía en su pared un extraño reloj daliniano, detenido a las siete. La gran lámpara ocupaba todo el espacio central, y una mesa al fondo soportaba una maceta colorida. En ella se elevaba majestuosa una danzarina flor fucsia, con ojos avispados. “¡Alicia!”, exclamó, “¿tan desencantada estás que ya regalas tu alma al diablo? Si vas a atreverte a merodear los escombros del Puente al menos deberías cotizarte mejor y venderla, ¿no crees?”, dijo burlona. “Ya, ya sé que tienes muchas preguntas, pero yo ¡no acepto diálogo alguno! Así que siéntate y escucha. Y sobre todo… recuerda”. Lo que le faltaba, ¡una flor parlante y monologuista!
“¿Qué ha sido de la verdadera Alicia, de aquella soñadora vital? Siete vidas tiene un gato ¿En qué gastas tu tiempo, pequeña? Obsérvate, querida, ¿miras lo que ves o ves lo que miras? ¿recuerdas la última vez que te temblaron las piernas? ¿la última vez que te hipnotizaron con una mirada? Recuerda, Alicia, ¡recuerda! Recuerda la última vez que te revolvieron las pecas, y no dejes de perseguir esa sensación… nunca. En grandes y pequeñas cosas, ¡nunca!”. Una corriente de viento abrió de golpe una de las cristaleras dando pie al abismo, mientras DulceFlor lanzaba su última exclamación “¡Ahora y siempre Alicia!... ¡vuela! ¡y brilla!”
Y movida por una energía cósmica, Alicia, sin vacilar ni un instante, dio siete pasos al frente y saltó al abismo.
Abrió los ojos y se encontró en su mirada. Qué más da dónde, qué más da cuándo, qué más da por qué. Las pecas de sus mejillas revolotearon de nuevo.
Y no hacían falta más preguntas. Solamente ser.
Eva
martes, 22 de marzo de 2011
We don't need to say goodbye
Cuando las olas se tornan bravas, siento que me absorbe su resaca, como caracola desarraigada, ligera y sin miedo, destino remolinos insospechados, simas abisales, someras preocupaciones.
Creo que al fin lo he logrado.
Fluyo.
Eva
jueves, 3 de marzo de 2011
Humana
y bailar al son de su silbido"
Maga - Martes
Tanto empeño en mejorar, tantas ganas de crecer,
de aspirar a la perfección, autoexigiéndonos en su búsqueda,
para, al final, darnos cuenta de que lo importante y esencial,
es aprender a perdonarnos los tropiezos,
enternecernos con nuestras caídas
y sus trayectorias cíclicas.
Pulir las técnicas de aterrizaje forzoso
y despegue de emergencia.
Y entre vuelo y vuelo,
disfrutar el trayecto.
Eva
domingo, 20 de febrero de 2011
All I want is the moon upon a stick
Invisible, do what you want, do what you want
I will sink and I will disappear
I will slip into the groove and cut me up and cut me upThere's an empty space inside my heart
Where the wings take root
So now I'll set you free
I'll set you free
There's an empty space inside my heart
And it won't take root
Tonight I'll set you free
I'll set you free
(...)
And all I want is the moon upon a stick
Dancing around the pit
Just to see what it is
(...)
We will sink and be quiet as mice
While the cat is away and do what we want
Do what we want"
Radiohead - Lotus Flower
Sólo la niebla de mi tierra puede convertir al sol en luna.
Lo encierra en sus brumas, como pajarillo enjaulado,
filtrando sus luces, sus sombras,
haciéndole reflejarse, deslumbrarse
desde el interior.
Extrañamente liberándolo y apresándolo a a la vez.
Queremos la luna, pues convertimos al sol.
Y es que Toledo es mucho Toledo.
Eva
martes, 1 de febrero de 2011
Agua
Devendra Banhart
La infinitud acaba y no acaba. Los momentos pasan uno tras otro, implorando carpe diem. El agua fluye por terrenos insospechados, sin saber por qué rendija se colará mañana, en qué cristal se podrá condensar, desde qué nube podrá caer. Si será posible volver a estancarse turbia y dolorosa. Si un soplo de calor podrá evaporarla para morir y resucitar después. Es inútil resistirse al movimiento de las olas.
Pero siempre, al margen y a la vera, la memoria.
Eva
martes, 4 de enero de 2011
Reflectancia
No siempre eran reflejos exactos o de gran similitud. La mayoría de las veces eran sencillos gestos de la vida cotidiana, identificando más su propia reflectancia, su propia sensibilidad, su propia capacidad de reflejar la luz ajena como podría hacerlo un metal precioso, dando testimonio de su brillo en simbiosis con lo demás.
Y siempre esto le generaba una sonrisa del alma, una reconexión con el todo.
Un sentirse viva y vividora que da gusto y nostalgia saborear.
Eva
jueves, 18 de noviembre de 2010
Aún
¿Por qué yo soy yo y no soy tú?
¿Por qué estoy aquí y no estoy allí?
¿Cuándo empieza el tiempo y dónde termina el espacio?
¿No es la vida bajo el sol un mero sueño?
¿No es lo que yo veo, oigo y huelo nada más que
¿Existe realmente el mal y gente que de verdad es mala?
¿Cómo puede ser que yo, que soy yo, antes de serlo no lo fuera
y que algún día yo, que soy yo, deje de ser lo que soy?"
El cielo sobre Berlín (Wim Wenders, 1987)
Cuando a la niña le arrebataron la inocencia,
creyó perder la emoción del arcoíris.
Se alejó de montañas rusas fuera de control
y se ciñó a cultivar su madurez.
Cuando la niña-no-niña se sintió tan madura
no supo si creerse tonta o feliz
al descubrirse vulnerable
a una sonrisa optimista.
Y entre el rubor coloreado
y el nerviosismo desmedido
volvió a reírse de sí misma
y a enternecerse aún.
Eva
lunes, 1 de noviembre de 2010
Y yo me pregunto abuela,
¿qué es estar en paz?
miércoles, 13 de octubre de 2010
Lehen zuria arra beltzez ta orain berriz beltza arra zuriz ta ezin zaitudanez ahaztu beharko dut nahastu,
nahastu... zuria bada, dena zuriz
beltza ere berdin ez dut maite grisik"
Anari - Zebra]
Gritar, llorar, chillar este vacío.
Dar bocanadas de aire marino y escupirlo con desprecio.
Caminar con precisión y decisión.
Con tanta rabia contenida pero desprendida.
Removiendo obturadores.
Odiando la puta belleza, quimera que esconde tanto horror.
Y sin saber por qué.
Sin saber (aún) por qué.
Eva
lunes, 4 de octubre de 2010
Desnud-arte
Desnudarte... De tantas maneras...
Desnudarte despacito...
o hacerte trizas la ropa.
Hipnotizarte para que te muestres
sin consentimiento consciente...
o directamente ordenártelo
desde la más tradicional tiranía.
Desnudarte el alma,
eso sí que es lo mejor,
mi pasatiempo favorito
y el motor de mi existencia.
Conocerte, conocerme, conocernos
desde todos los ángulos y perspectivas.
Vivir e intentar descifrarlo,
al ser humano y su (co)razón.
A mí, en cambio,
me desnudan a lo burdo,
a veces ni me preguntan,
sólo les basta con mirarme
con esos ojos que intimidan
y te hacen acelerar el paso.
Y en lugar de desnudarme el alma
van y me despojan de ella,
me fragmentan, me cosifican, me anulan,
algunos cabrones con suerte incluso
me tratan como a kleenex desechable,
y el mundo no aprende,
y la gente no se escucha,
y el respeto se escatima,
y la vida llora.
Eva
Pincha y escucha:
Cat Power - Maybe not
miércoles, 1 de septiembre de 2010
Cara & Cruz
Llegué a Parayas por primera vez con demasiado tiempo de antelación. Error de novata, nada tenía que ver con la laberíntica y contrahumana T4 madrileña. Embarqué y ocupé mi asiento low-cost. El despegue fue turbulento, como siempre, parece que cada día los pilotos son menos vocacionales. Comenzamos a ascender, pronto nos adentramos en ese tupido gris cerrado y... Voilà! De repente aparecimos en el paraíso. Era el puro paraíso, era el cielo de postal. Una capa tan mullida de nubes blancas bajo el avión, un cielo tan esplendorosamente azul por encima y hasta el infinito, los rayos de sol inundándolo todo. Parecía que en cualquier momento aparecería por algún lado ese dios infantilizado con barba blanca y mirada entrañable que todos los criados bajo el yugo del catolicismo hemos imaginado en algún momento. A lo mejor comiendo Philadelphia para desayunar.
La palanca de emergencia estaba a treinta centímetros de mi mano, y se me pasó fugazmente por la cabeza tirar y probar ese aparentemente mullido colchón de nubes, muriendo todavía en el silencio de la muga troposférica. Y parecía increíble que ese melancólico, hasta siniestro gris y ese Edén particular patrocinado por Ryanair formaran las extrañas dos caras de la misma moneda.
Eva


