"Te he dejado en el sillón las pinturas y una historia en blanco... No hay principio ni final, sólo lo que quieras ir contando...
Y al respirar, intenta ser quien ponga el aire que al inhalar te traiga el mundo de esta parte..."
Vetusta Morla - Al respirar
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domingo, 23 de octubre de 2011

Nadie nos espera tanto como el horizonte

"Il est temps de sortir du sommeil des reines
car nul ne vous attend autant que l'horizon"
Dominique A - L'horizon

Aquella mañana el estrépito del portero automático la despertó salvándola del desenlace de su pesadilla. No se movió un milímetro, necesitaba digerir lo que su inconsciente, paradójicamente, le aportaba como bálsamo de sus deseos imposibles. ¿Se puede disfrutar una pesadilla? ¿Anhelamos fines, aunque amargos? ¿Deseamos puntos finales a costa de todo?
Ella. Sólo ella. Hacía tiempo que no descubría nada nuevo. La vida le reafirmaba ser una sucesión de desencantos y desengaños reiterativos, espiral inacabada en la que a cada vuelta de tuerca la mella de las heridas se hacía más superficial, las cicatrices más callosas, las almas más insensibles.
Y cada vez la embargaba más cotidianamente la serena sensación, de origen incierto, de que moriría joven.
Eva

lunes, 30 de mayo de 2011

Alicia 7.0

Siete. S I E T E. Alicia se detuvo por un instante a observar aquel azulejo que numeraba el portal de enfrente, haciendo del significante alfanumérico fonemas en sus oídos y letras en su mente. La lluvia rebotaba rítmicamente en el toldo del Rvbicón creando una atmósfera onírica. Allí resguardada, fumaba tranquilamente un cigarro mal liado que resultó ser su salvación. A pesar de bajarle la tensión y provocarle por falta de costumbre temblores, mareos y ocasional coloración amarilla de la piel, en aquel momento le libraba momentáneamente de una compañía de mesa un tanto forzada, que esperaba en el interior del local. Se aburría, sí, y necesitaba oxígeno. Aunque hubiera que mezclarlo con monóxido de carbono como excusa.

La calle del Sol se perfilaba prácticamente desierta a esas horas de la noche. Alicia seguía absorta en su siete, rozando lo metafísico, cuando desvió su atención un chico, 25 años 27, que irrumpió en aquel portal numerado tras cruzarle una mirada gatuna. Como felina en celo, con taquicardia y sin pensarlo dos veces, cruzó los escasos metros de calle que la separaban del número siete, siete pasos contó, y empujó con contundencia aquella puerta entreabierta cuando sintió tal quemazón en los dedos que de golpe aterrizó de nuevo en la realidad de su cigarro consumido a la puerta del bar. Su intención de transformarse en depredadora se mojó las ganas en birra con palomitas con pimienta, todo lo picante que podría esperar de la compañía monocroma que aguardaba en aquella mesa.



Apuró su cerveza sin prisa pero sin pausa, uniendo precaución y velocidad, lo suficiente para largarse de allí cuanto antes con una buena excusa sin desmerecer la compañía. No le hacía falta pensarse ni dos veces si repetir la experiencia. Alicia ya no sabía si sentirse esnob, elitista o pretenciosa por tener tan claro cuando intentaba mezclar agua y aceite. Pero si hay algo que no soportaba era el tedio.

Santander jarreaba en su camino de vuelta a casa sin paraguas. Comenzó a correr, no quedaba mucho para llegar al túnel de Puertochico. 700 metros de camino oscuro, solitario, tóxico y lúgubre. Marcó paso decidido, enraizándose con cada zancada a los bajos fondos de Santander. Cada vez pisaba más fuerte, intentando canalizar la frustración del vacío. Una baldosa suelta basculó salpicándola entera. En lugar de gritar o llorar histéricamente, siguió zapateando cada baldosa del camino con rabia, cada vez más fuerte, con el sueño de destrozar el suelo, de vengarse del túnel, aunque se llevase sus pies por delante. Estaba tan cegada por la ira, tan calada y tan fría que no apercibió que realmente el suelo comenzaba a ceder, y cada zapatazo adelante se hundía más y más, tragándola poco a poco a modo de arenas movedizas. Su último pisotón con pie derecho hizo temblar el suelo y el mundo rugió. Una grieta se abrió tras la furia de Alicia, que empezó a caer y caer cuando todo se tornó aún más oscuro.



Recobró el conocimiento de golpe, con una sacudida estilo Tarantino tras inyección intracardíaca de adrenalina, al borde del asfixio. El agua la vapuleaba de un lado a otro, las corrientes marinas hacían de ella veleta a su merced. El salitre le salía por las orejas y le escocía en los ojos. A su alrededor, decenas de amenazantes y enormes rocas afiladas. Su ropa mojada pesaba unas siete veces más de lo habitual y encadenaba a Alicia a una muerte segura. Intentaba resistirse al movimiento de las olas, pero era inútil. La resignación no tardó en llegar y, exhausta, se dejó llevar hacia el fondo cansada de resistir los envites de la vida.

Comenzó a hundirse despacio, sinuosamente, así como las hojas otoñales se dejan caer. A punto de perder la consciencia, la última visión borrosa y ultramarina que registró fue una sombra de gran envergadura acercándose hacia ella con la soltura de un pez en el agua.



¡Ay, Alicia! ¿Qué ha sido de tus sueños? ¿Qué ha sido de tu luz?” Era la cantinela que se oía cuando reaccionó bruscamente regurgitando agua marina. A poco estuvo de un infarto cuando descubrió al locutor de aquellas palabras, ¿realmente le estaba hablando un delfín? ¿estaba muerta? ¿quizás delirante? Sea lo que fuere, ese enigmático y surrealista animal la había depositado sana y salva al borde de la pequeña isla de Mouro, y esa era su increíble realidad actual.

Eh… ¿Quééé? ¿Quién eres? ¿Cómo he llegado aquí?”, logró verbalizar Alicia a pesar del mutismo que le había causado en un primer momento su asombro.

Ay, chiquilla… no preguntes obviedades e intenta reservarte para DulceFlor, ¡esto parece más grave de lo que imaginaba!”, contestó el delfín parlante, “Corre hacia el faro, ¡calamidad! Ella te espera arriba”. Y sin una palabra más, el delfín parlante se adentró ligero en el Cantábrico diluyéndose en el horizonte.



Alicia atravesó el rocoso paraje hasta llegar al faro. No le quedaba opción, estaba totalmente aislada en una isla desierta sin más alternativa que hablar con la tal DulceFlor, sin saber muy bien con qué finalidad. El faro se mostraba imponente, una vieja puerta de madera marcaba su umbral. Se adentró en él y comenzó a subir una eterna escalera de caracol. Un número arañado en la pared indicaba los peldaños restantes hasta arriba, 777. Fue pisando escalón por escalón con hastío. En el séptimo, descubrió en sus vaqueros, aún empapados, un gran siete sobre su muslo derecho, mostrando su nívea piel. Sangraba.

Cuando alcanzó las alturas, apenas acertaba a respirar con ritmo. La sala tenía en su pared un extraño reloj daliniano, detenido a las siete. La gran lámpara ocupaba todo el espacio central, y una mesa al fondo soportaba una maceta colorida. En ella se elevaba majestuosa una danzarina flor fucsia, con ojos avispados. “¡Alicia!”, exclamó, “¿tan desencantada estás que ya regalas tu alma al diablo? Si vas a atreverte a merodear los escombros del Puente al menos deberías cotizarte mejor y venderla, ¿no crees?”, dijo burlona. “Ya, ya sé que tienes muchas preguntas, pero yo ¡no acepto diálogo alguno! Así que siéntate y escucha. Y sobre todo… recuerda”. Lo que le faltaba, ¡una flor parlante y monologuista!

¿Qué ha sido de la verdadera Alicia, de aquella soñadora vital? Siete vidas tiene un gato ¿En qué gastas tu tiempo, pequeña? Obsérvate, querida, ¿miras lo que ves o ves lo que miras? ¿recuerdas la última vez que te temblaron las piernas? ¿la última vez que te hipnotizaron con una mirada? Recuerda, Alicia, ¡recuerda! Recuerda la última vez que te revolvieron las pecas, y no dejes de perseguir esa sensación… nunca. En grandes y pequeñas cosas, ¡nunca!”. Una corriente de viento abrió de golpe una de las cristaleras dando pie al abismo, mientras DulceFlor lanzaba su última exclamación “¡Ahora y siempre Alicia!... ¡vuela! ¡y brilla!”

Y movida por una energía cósmica, Alicia, sin vacilar ni un instante, dio siete pasos al frente y saltó al abismo.

Abrió los ojos y se encontró en su mirada. Qué más da dónde, qué más da cuándo, qué más da por qué. Las pecas de sus mejillas revolotearon de nuevo.

Y no hacían falta más preguntas. Solamente ser.

Eva

jueves, 9 de diciembre de 2010

¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

Pedro Calderón de la Barca

Llegó a la conclusión años ha, de que la realidad no existe, no es, no está. Cada particular sistema perceptivo e interpretativo dota de significado a esa amalgama que nos rodea, generando a su vez una respuesta emocional y confundiendo su significación anecdótica con una vital, con "la" significación.
Llegó a la conclusión años ha, de que, por tanto, a grandes rasgos no podría volver a estar segura nunca de nada, e intentó poco a poco digerir esa frustración existencial inevitable.
Y se cercioró, con el paso de los años, de que lo más parecido a aprender era comenzar a detectar lo que quería mantener lejos de sí, desde las entrañas.
Eva


Escena de Blow-Up (Michelangelo Antonioni, 1966)

lunes, 6 de septiembre de 2010

Amalgama y otros cuentos

Podéis leer "Amalgama" (el relato que presenté al I Concurso de Relato Corto Santander Imaginario) en el número 4 de este ambicioso proyecto cultural que me ha hecho ver, al fin, luz en Santander.
Gracias a los organizadores, al jurado y a toda la gente inquieta que Santander esconde pero siente. Estáis logrando que me reconcilie con esta ciudad.
Eva

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Cara & Cruz

Santander amaneció cubierto de un gris denso y un aire apocalíptico. No mucho tiempo antes el sol había campado a sus anchas por toda la largura de su costa, durante un periodo tan prolongado e inusual que la vuelta de las nubes ya no era esperada por defecto, y mucho menos por exceso. Acompañaba esta estampa esa lluvia tan fina y ligera que en lugar de caer de arriba a abajo se daba paseos hacia los lados, como intentando posponer esa muerte inevitable contra el suelo o contra la nodriza mar. Así se sucedió el día. Un viaje planeado, con escala en Madrid, me planteaba el contraste del día, en pocas horas me encontraría con los amarillos trigo del secarral de la meseta.

Llegué a Parayas por primera vez con demasiado tiempo de antelación. Error de novata, nada tenía que ver con la laberíntica y contrahumana T4 madrileña. Embarqué y ocupé mi asiento low-cost. El despegue fue turbulento, como siempre, parece que cada día los pilotos son menos vocacionales. Comenzamos a ascender, pronto nos adentramos en ese tupido gris cerrado y... Voilà! De repente aparecimos en el paraíso. Era el puro paraíso, era el cielo de postal. Una capa tan mullida de nubes blancas bajo el avión, un cielo tan esplendorosamente azul por encima y hasta el infinito, los rayos de sol inundándolo todo. Parecía que en cualquier momento aparecería por algún lado ese dios infantilizado con barba blanca y mirada entrañable que todos los criados bajo el yugo del catolicismo hemos imaginado en algún momento. A lo mejor comiendo Philadelphia para desayunar.

La palanca de emergencia estaba a treinta centímetros de mi mano, y se me pasó fugazmente por la cabeza tirar y probar ese aparentemente mullido colchón de nubes, muriendo todavía en el silencio de la muga troposférica. Y parecía increíble que ese melancólico, hasta siniestro gris y ese Edén particular patrocinado por Ryanair formaran las extrañas dos caras de la misma moneda.
Eva

lunes, 7 de junio de 2010

No tomarás el nombre de Dios en vano

"El amor es la preocupación activa por la vida y el crecimiento de lo que amamos"
Erich Fromm

"Oh, life is bigger,
it's bigger than you
and you are not me"
R.E.M.

"Guárdense las palabras donde quede la coherencia"
Eva Danaus

"Nuestros nombres tienen tres letras", le dijo él acompañando su mensaje con una mirada de esas que dejan huella. "Ya, ¿y qué?", contestó ella, intentando parecer imperturbable, protegiéndose, o eso pensaba, con un recién inventado escudo de papel de fumar. Ya era tarde, o ciñéndonos a lo que marcaba el reloj, más bien temprano, pero tarde para obviar lo que acababa de ocurrir. Le había inoculado algo, y en ese momento no podía saber bien qué era. Pero al margen de lo que, embriagada, ella podía percibir, inconscientemente los engranajes comenzaron a girar. El romanticismo la enfermó paulatinamente, a modo de analogía de los capicúas del círculo polar. La metástasis fue cada vez a más, echando a perder cada célula, infectando nuevas partes de su ser. Cuando quiso darse cuenta, el cáncer ya era irremediable, sólo quedaba la alternativa de la inmolación. Y lo hizo, ella siempre llegaba hasta el final, pues era la manera que tenía de sentirse viva. En nombre de un artificio llamado amor, que poco o nada tiene que ver con el real significado de éste, aguantó, soñó, esperó. Lloró, sufrió, se lastimó, perdió. Se lamentó, su cuerpo menguó, su mente la traicionó. Se regaló entera. Y él no estaba. No estuvo nunca, a pesar de los gritos ahogados, de los duelos encubiertos de vidas perdidas. No estaba cuando le llamaba. Ni siquiera concebía el alcance de las consecuencias de sus actos. Su ombligo le tenía demasiado ocupado. Pero seguía, él seguía, usando el nombre de Dios en vano. Puede que como un juez cometiendo prevaricación. Quizás como un ignorante que persiste en su error. Sin duda, como un infeliz dejando pasar la vida en el mero hecho de respirar. Y sin parar de llevarse por delante las ilusiones de quien se cruzase en su camino.
Eva

sábado, 22 de mayo de 2010

En ocasiones veo gaviotas...

...y estudio poco...

Evidencias cuasicientíficas:
Estudiar es malo para la salud, hablando desde una perspectiva biopsicosocial:
- Limita y/o anula la vida social
- Enclaustra a las personas impidiendo que perciban su dosis recomendable de vitamina A al abortar la posibilidad de tomar el sol en la playa en los días de magnífica e inusual climatología
- Reduce la actividad física
- Aumenta las visitas al frigorífico y la ingesta de hidratos de carbono y ácidos grasos saturados
- Fomenta los brotes psicóticos al aumentar las conversaciones con las paredes
- Incrementa considerablemente el nivel de frustración e insatisfacción con el propio rendimiento
- Como consecuencia de lo anterior, hace realizar montones de actividades improductivas, no remuneradas e inútiles en los momentos menos adecuados con el objetivo de reducir la ansiedad (aunque sin éxito)
- Consigue que publique entradas tan chorras como ésta en este recóndito blog...

¡¡¡aaaaggghhh!!!
Eva

jueves, 15 de abril de 2010

The heart asks pleasure first

Como una niña con zapatos nuevos, corretea por entre los pasillos de un teatro neobarroco, que no es lo mismo que por los pasillos ni que entre ellos. Explora las escalinatas sintiéndose princesa republicana de un reino sin fronteras, inundada de un nerviosismo feliz y vivificante. Se esconde, sonríe, se luce, se va. Ocupa un lugar privilegiado en la platea y habla por hablar forzada por el tío de al lado. Oye sin escuchar las cuatro palabras que bien podrían ser las del vecino en el ascensor. Sólo tiene oídos para quienes ocupan el escenario, nadie más irrumpe, aunque a veces le gustaría toparse contigo. Se embriaga de sonidos que le inundan los ojos. Sueña con esconderse en algún palco hasta que desalojen la sala, apaguen las luces y cierren las puertas, eso sí, después de haber secuestrado al pianista. Y llorar, entonces llorar sin límites, rompiendo las presas de contención que presionan sus párpados. Volver a sentir el arte como el filtro que rige la percepción de su mundo, que le garantiza la belleza, que le protege de las tragedias. Y sabe, ella sabe, que se encontrará contigo cuando deje de buscarte. Pero para entonces, ya no dolerás.
Eva (eternamente agradecida, sr. Nyman)

Michael Nyman - Trysting Fields

sábado, 3 de abril de 2010

Spilling my guts

Dispersa, difusa, incrédula, a quince manos y a ninguna, a cinco ciudades y perdida, a tantos lugares con dolor, dolor deliberado y sombrío, regurgitando filosofía atormentada recalcitrante y tóxica, espirales, espirales de colores que confunden en su arco iris, de pérdidas, de crueldad, de planes perversos, de incoherencia, tristeza, melancolía, hastío, plañidos absurdos y baratos como último recurso conocido...

Yo juego, tú juegas, él juega, ella también, nosotros y nosotras jugamos a jugar hasta que perdamos la partida, o hasta que nos encontremos sin máscaras, sin miedos, genuinos, auténticos, sencillos, sin necesidades, sin luchas. Simplemente ser. Y dejar el otro lado.
Lo demás, aburre.

Eva

viernes, 5 de marzo de 2010

Fobias

Tembló. Una sacudida nerviosa recorrió su espina dorsal y el malestar se apoderó de ella. "Es sólo un insignificante bicho", se decía, intentando sosegarse. En un esfuerzo deliberado por racionalizar la situación, imaginaba que, seguramente, ese pequeño ser podría sentir un pavor más que justificado hacia sí que ella no se podía permitir a la inversa. Pero daba igual, eso no conseguía calmar toda su respuesta fisiológica e irracional y, a su vez, tan dolorosamente real.

La arañita se escabulló a través del quicio de la puerta, totalmente ajena a la reacción que había causado. La vuelta a la normalidad de ella no fue tan automática ni sencilla. En realidad, no podríamos hablar de una verdadera vuelta a la normalidad sino, más bien, de entrada en un periodo de calma que, inevitablemente, se toparía con otro momento de enajenación transitoria, de incontrolable conducta, de dolor, de catarsis, de pérdida del norte. Parecía increíble que todo eso pudiera ser consecuencia de un simple arácnido. ¿O no lo era?

El tiempo y la experiencia le hicieron hacer conscientes cosas que siempre, siempre, se había asegurado de tener bien sujetas a su inconsciente, como mera estrategia de supervivencia.
Y el día en que apercibió que su verdadero miedo, su terror, no era hacia las arañas, fue el más terrible de su existencia. El más puro pavor se lo producía el hecho catastrófico de acabar enredada en telas de seda mortales, totalmente convencida de que ella controlaba la situación y de que podría darse la vuelta en cualquier momento, sin ser consciente del enganche pegajoso que la encadenaba a una trampa mortal, ofrecida por entero en bandeja de plata.
Su mayor enemigo, no eran las arañas, ni siquiera sus redes.
Su mayor enemigo, era ella misma.
Eva
System of a Down - Spiders

viernes, 19 de febrero de 2010

Trainspotting

"(...) y es precisamente por eso,
por la rendición evasiva eterna,
por lo que no llego al suelo, el motivo
por el que no alcanzo
a ser otra cosa
que la decadencia que significo."

Juan Behekoa



No nací para ser mártir,

sé que no es ése mi cometido.

Me pensé heroína,

artífice y creadora de posibilidades.

Me creí elegida,

valiente loca descarada.

El azul de mis intenciones

se tornó en negro azabache extinto.

Y sí, me convertí en heroína,

pero de esa que calma y destruye,

que sacia y que mata,
que odias y amas.

Eva




Sinéad O'Connor - Drink before the war

viernes, 12 de febrero de 2010

Dumbo {...sí, Dumbo}

Dumbo (Ben Sharpsteen, 1941) Hoy cierta persona me ha mencionado asombrada cómo podía haber puesto un 10 a Dumbo en mi lista de películas en Filmaffinity. Y como no es la primera vez que me pasa ésto, os cuelgo aquí uno de los motivos por los que a mi subjetivo juicio esta película de Disney se merece esa nota. Creo sinceramente que es la culpable de que durante toda mi vida me haya llamado tanto la atención todo lo psicodélico, onírico, surrealista y abstracto...
Eva

domingo, 24 de enero de 2010

Eyes Wide Shut

Nunca hubiera podido presagiar esto. La situación en sí ya se tornaba como algo de bastante poca credibilidad. Pero era lo que le sucedía, ni más ni menos. No mucho tiempo atrás, el hecho de que le llamasen guapa, según de qué maneras, formas y en qué contextos, le hubiera alegrado el día, le hubiese reforzado tanto o más que las mejores nuevas. Era algo más allá de lo racional, pues tenía bien claro que poco mérito implicaba ese tipo de cualidad, si no ninguno, mas conseguía reafirmarle en un campo que siempre, sin excepciones, le generaba inseguridad. De ahí que la situación se tornara en tan surrealista. Ahora, aquí, ya no podía soportar ese tipo de elogios. Cada palabra, mirada u onomatopeya a su paso le generaba un sentimiento de intenso malestar, tan fuerte como para ser la génesis de náuseas, irritabilidad y desesperanza. Para colmo, este tipo de situaciones parecían multiplicarse al ritmo en que sus anhelos de desaparición e invisibilidad aumentaban. Aprendió a mirar al suelo y a refugiarse en el control de volumen de su iPod, como una niña tímida y asustada, aunque su percepción fuese lo suficientemente rápida como para no poder obviar esos estímulos. Ojalá el surgir de todo esto fuese una simple regresión a la infancia, pensaba. Pero ese día ocurrió algo, algo extraño. En su trayecto cotidiano en el metro, armada de su escudo anti-estímulos-auditivos y su mirada cabizbaja, alguien captó su atención. Él era diferente, tenía algo, algo que no acertaba a describir, algo para lo que ni las palabras, ni el pensamiento, son suficiente. Tenía tanto como para desprotegerse de sus miradas hacia el suelo y exponerse sin querer a los ojos lascivos de lobos hambrientos, que también ocupaban su espacio. El chico, hermoso, parecía estar al margen de esa jauría, respirando una extraña serenidad. Le observó no tan a hurtadillas, dejando la prudencia aparcada por un rato. La megafonía del metro anunció la próxima estación, su trasbordo, ella se preparó para la salida, y él sacó algo de su bolsillo. Era un bastón plegable para ciegos. Él salió del vagón con sorprendente habilidad entre tanta gente desconsiderada. Ella le adelantó por los pasillos hasta llegar a la escalera mecánica, sintiendo algo inefable en el cruce. Decidió dejar de meterse prisa y paró dejándose llevar por la maquinaria. En ese momento, él volvió a aparecer en escena, bajando con gran habilidad la misma escalera por el carril izquierdo, ese destinado para la gente con prisa. Iban a hacer el mismo trasbordo, se iban a meter de nuevo en el mismo vagón, hubiera sido tan fácil entablar algún tipo de conversación... Pero aquella fuerza y arrojo que ella solía emanar no estaba, intentó buscarla y no la encontró, y lloró, lloró por dentro, porque sabía que se la habían robado, que le habían saqueado el corazón.
Eva

martes, 19 de enero de 2010

Sinécdoque

Synecdoche
New York
Cambridge
Bilbao
Madrid
Talavera
indefinido
dolor
secuencias
tomas
analogías
lugares
perturbaciones
tiempo
los tiempos
mi tiempo
¿mi? tiempo

ese tiempo, embaucador, se hace pasar por dos días
cuando en verdad ya ocupa casi dos meses,
¿y yo?
¿dónde me quedo?
¿dónde estoy?
¿qué es ese lapso?
envejezco inevitablemente,
o eso supongo,
pues ni siquiera lo percibo,
vivo rémoras casadas con subterfugios
y en un momento de repentina vigilia
me percibo perdida
no percibo
percibo mal
¿se puede percibir bien?
el caso es percibir
sea como sea
pero el cabrón del tiempo
me ha quitado ese derecho
me ha cegado los ojos
y me ha esposado a la apatía
y ni {siquiera de eso}
me he enterado
Eva

sábado, 16 de enero de 2010

Querer querer

Quise quererte tanto, que me olvidé de quererme a mí misma...
Eva

Nacho Vegas & Christina Rosenvinge - Humo

martes, 12 de enero de 2010

Underground

Túneles subterráneos en Madrid que albergan cantidad de monótonas rutinas. Un vagón de la línea 10, sí, de esos modernos con puertas de Star Trek. Tanta vanguardia en el continente no modifica el contenido. Vas de pie, concentrada en el complicado ejercicio de mantener el equilibrio desde tus tacones. A tu alrededor se concentran alrededor de una veintena de grises caras, mirando al periódico, leyendo libros, mirándose los zapatos... Pero hay una que destaca. Sólo una, ojalá fuesen más. Detienes tu mirada en él en un primer momento por su movimiento. ¡Entre tanto gris alguien está bailando! Le observas con mayor detenimiento, lleva enchufado su mp3 y es esclavo de sus auriculares. Se deja llevar de manera suave y constante, pero con rotundidad, ¿qué será lo que escucha? No auguras nada más liviano que rock. La gente mira, intentando dar la apariencia de que están contemplando en escena a un psicótico, realmente muertos de envidia de no poder arrancarse sus pies de plomo. Está ahí, en medio del vagón, extasiado, con la mirada perdida indicando que él está muy lejos de ese habitáculo que entierra en vida una media de hora al día a tantas personas. Y piensas qué diferentes serían los días si cada uno bailase su vida a sus anchas cada mañana, aunque sólo fueran cinco minutos.
Eva

sábado, 9 de enero de 2010

Deberíamos ser más como las mariposas monarca

Me ha encantado este post de Eduard Punset... Me reafirma aún más el seudónimo, y me trae recuerdos de la infancia...
Eva


viernes, 8 de enero de 2010

Destino

Destino (Dominique Monfery, 2003) Esta joyita escondida es el producto de la colaboración truncada en 1946 entre el genio Salvador Dalí y Walt Disney. Algo más de medio siglo después, Dominique Monfery recuperó los bocetos originales y las indicaciones de Dalí e hizo el proyecto realidad. He aquí el resultado, inefable como todo Dalí.
Eva

jueves, 7 de enero de 2010

" La persona verdaderamente religiosa, que capta la esencia de la idea monoteísta, no reza por nada, no espera nada de Dios; no ama a Dios como un niño a su padre o a su madre; ha adquirido la humildad necesaria para percibir sus limitaciones, hasta el punto de saber que no sabe nada de Dios.
(...) piensa la verdad, vive el amor y la justicia, y considera que su vida toda es valiosa sólo en la medida en que le da la oportunidad de llegar a un desenvolvimiento cada vez más pleno de sus poderes humanos -como la única realidad que cuenta, el único objeto de "fundamental importancia"-; y, eventualmente, no habla de Dios -ni siquiera menciona su nombre-.
(...) la consecuencia lógica del pensamiento monoteísta es la negación de toda "teología", de todo "conocimiento de Dios".

(...)

En todos los sistemas teístas, aun los místicos y no-teológicos, existe el supuesto de la realidad del reino espiritual, que trasciende al hombre, que da significado y validez a los poderes espirituales del hombre y a sus esfuerzos por alcanzar la salvación y el nacimiento interior. En un sistema no-teísta no existe un reino espiritual fuera del hombre o trascendente a él. El reino del amor, la razón y la justicia existe como una realidad únicamente porque el hombre ha podido desenvolver esos poderes en sí mismo a través del proceso de su evolución y sólo en esa medida. En tal concepción, la vida no tiene otro sentido que el que el hombre le da; el hombre está completamente solo, salvo en la medida en que ayuda a otro.

(...)

Desde Aristóteles, el mundo occidental ha seguido los principios lógicos de la filosofía aristotélica. Esa lógica se basa en el principio de identidad que afirma que A es A, el principio de contradicción (A no es no A) y el principio del tercero excluido (A no puede ser A y no A, tampoco A ni no A). Aristóteles explica claramente su posición en el siguiente pasaje: "Es imposible que una misma cosa simultáneamente pertenezca y no pertenezca a la misma cosa y en el mismo sentido, sin perjuicio de otras determinaciones que podrían agregarse para enfrentar las objeciones lógicas. Este es, entonces, el más cierto de todos los principios...".

Este axioma de la lógica aristotélica está tan hondamente arraigado en nuestros hábitos de pensamiento que se siente como "natural" y autoevidente, mientras que, por otra parte, la confirmación de que X es A y no es A parece insensata. (Desde luego, la afirmación se refiere al sujeto X en un momento dado, no a X ahora y a X más tarde, o a un aspecto de X frente a otro aspecto.)

En oposición a la lógica aristotélica, existe la que podríamos llamar lógica paradójica, que supone que A y no-A no se excluyen mutuamente como predicados de X. La lógica paradójica predominó en el pensamiento chino e indio, en la filosofía de Heráclito, y posteriormente, con el nombre de dialéctica, se convirtió en la filosofía de Hegel y de Marx. Lao-tsé formuló claramente el principio general de la lógica paradójica: "Las palabras que son estrictamente verdaderas parecen ser paradójicas". Y Chuang-tzu: "Lo que es uno es uno. Aquello que es no-uno, también es uno." Tales formulaciones de la lógica paradójica son positivas: es y no es. Otras son negativas: no es esto ni aquello. Encontramos la primera expresión en el pensamiento taoísta, en Heráclito y en la dialéctica de Hegel; la segunda formulación es frecuente en la filosofía india.

(...)

En la filosofía de Lao-tsé la misma idea exprésase en una forma más poética. Un ejemplo característico del pensamiento paradójico taoísta es el siguiente: "La gravedad es la raíz de la liviandad; la quietud es la rectora del movimiento". O bien: "El Tao en su curso regular no hace nada y, por lo tanto, no hay nada que no haga". O bien: "Mis palabras son muy fáciles de conocer y muy fáciles de practicar; pero no hay nadie en el mundo capaz de conocerlas y practicarlas". En el pensamiento taoísta, así como en el pensamiento indio y socrático, el nivel más alto al que puede conducirnos el pensamiento es conocer lo que no conocemos: "Conocer y, no obstante [pensar] que no conocemos es el más alto [logro]; no conocer [y sin embargo pensar] que conocemos es una enfermedad". Que el Dios supremo no pueda nombrarse no es sino consecuencia de esa filosofía. La realidad final, lo Uno fundamental, no puede encerrarse en palabras o en pensamientos. Como dice Lao-tsé, "El Tao que puede ser hallado, no es el Tao permanente y estable. El nombre que puede nombrarse no es el nombre permanente y estable". O, en una formulación distinta: "Lo miramos y no lo vemos, y lo llamamos el "Ecuable". Lo escuchamos y no lo oímos, y lo llamamos el "Inaudible". Tratamos de captarlo, y no logramos hacerlo, y lo nombramos el "Sutil". Con estas tres cualidades no puede ser sujeto de descripción; y por eso las fundimos y obtenemos El Uno". Y aun otra formulación de la misma idea: "El que conoce [el Tao] no (necesita) hablar (sobre él); el que está [siempre dispuesto a] hablar sobre él no lo conoce".

(...) El pensamiento percipiente debe trascenderse a sí mismo para alcanzar la verdadera realidad. La oposición es una categoría de la mente humana, no un elemento de la realidad. (...) La consecuencia extrema de la idea de que el pensamiento sólo puede percibir en contradicciones aparece en forma aún más drástica en la teoría vedanta, que postula que el pensamiento -a pesar de su fino discernimiento- es "sólo un más sutil horizonte de ignorancia, en realidad, el más sutil de todos los engañosos recursos de maya".

La lógica paradójica tiene una significativa relación con el concepto de Dios. En el grado en que Dios representa la realidad esencial, y la mente humana percibe la realidad en contradicciones, no puede hacerse afirmación positiva alguna acerca de Dios. En los Vedas, la idea de un Dios omnisapiente y omnipotente se considera la forma más extrema de ignorancia.

(...)

Los maestros de la lógica paradójica afirman que el hombre puede percibir la realidad sólo en contradicciones, y que su pensamiento es incapaz de captar la realidad-unidad esencial, lo Uno mismo. Ello trajo como consecuencia que no se aspira como finalidad última a descubrir la respuesta en el pensamiento. Este sólo nos dice que no puede darnos la última respuesta. El mundo del pensamiento permanece envuelto en la paradoja. La única forma como puede captarse el mundo en su esencia reside, no en el pensamiento, sino en el acto, en la experiencia de unidad.

(...) el punto de vista paradójico llevó a dar más importancia al hombre en transformación que al desarrollo del dogma, por una parte, y de la ciencia, por la otra. Desde el punto de vista chino, indio y místico, la tarea religiosa del hombre no consiste en pensar bien, sino en obrar bien, y en llegar a ser uno con lo Uno en el acto de la meditación concentrada.

En lo que toca a la corriente principal del pensamiento occidental, cabe afirmar lo contrario. Puesto que se esperaba encontrar la verdad fundamental en el pensamiento correcto, otorgábase especial importancia al pensar, aunque también se valoraba la acción correcta. En la evolución religiosa tal actitud condujo a la formación de dogmas, a interminables argumentos acerca de los principios dogmáticos, y a la intolerancia frente al "no creyente" o hereje.

(...)

En resumen, la lógica paradójica llevó a la tolerancia y a un esfuerzo hacia la autotransformación. La consideración aristotélica condujo al dogma y a la ciencia, a la Iglesia Católica, y al descubrimiento de la energía atómica. "

FROMM, Erich (1959). El arte de amar. Barcelona: Paidós

Imagen de Gervasio Troche, extraída de su blog, http://portroche.blogspot.com/

domingo, 20 de diciembre de 2009

Nothing's gonna change my world

Siento algo dentro de mí que me trasciende, te trasciende, trascendental. Es intenso y concentrado, como la luz al final de un túnel. A veces quisiera poder odiarte, la sencillez de un odio sádico que acelerase la llegada de la indiferencia. Pero contra toda lógica, como suele ser usual en los últimos tiempos, me preocupas, me preocupas mucho. Hay algo que me trasciende, algo bueno en mí sin ser mío, que me aferra a este mundo de alguna manera, me arrastra hacia adelante sacando fuerzas, y me recuerda lo pequeña que soy, lo pequeños que somos, microuniversos cotidianos en macrouniversos homólogos-análogos, con la fuerza y el sentido de diminutos engranajes.
The show must go on.
Eva