El corcho de mi cuarto me pinza con nostalgia. El monte desde el Guggenheim a veces me parece pintado. En ocasiones me siento tan observada como si viviese en el show de Truman. Y sola, en una cama tan ancha, que cada día se hace más acogedora. Ahora, después de tanto tiempo, de tantos viajes, y de un cum laude en renegar, siento mi denominación de origen corriendo por mis venas. Y que nadie se atreva a blasfemar.
“La centralidad del género ha permitido procesos de imperialismo y de
colonización”
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A través del libro ‘Tumbar la blanquitud’ María Ignacia Ibarra desgrana
parte de la arquitectura de la supremacía blanca y occidental enfocando la
atenci...
Hace 1 día



Ahí ahí, nunca reniegues de este sitio de mierda. Y sobre todo, nunca reniegues de su cerámica, lo más bonito que tiene con mucha diferencia :-D
ResponderEliminarTambién nos tiene [o nos tuvo] a nosotros, que no estamos tan mal ;P
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