Mis principios me traen por el camino de la amargura, ellos son más fuertes que yo y me arrastran sin que pueda impedirlo... En el fondo, lo agradezco, ¿quién si no va a otorgar un atisbo de cordura a esta hecatombe de mundo? Se alían con mi conciencia, y juntos en su paroxismo anudan mi alma, casi estrangulándola, y a su vez, impidiendo que se fugue, porque no tiene dónde ir, ni a quién pertenecer.
Berta Cáceres, del crimen prevenible y tolerado por el Estado a la siembra
de su lucha
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Un exhaustivo informe auspiciado por Corte Interamericana de Derechos
Humanos concluye que el asesinato de la defensora hondureña se produjo en
un “conte...
Hace 21 horas



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