"Te he dejado en el sillón las pinturas y una historia en blanco... No hay principio ni final, sólo lo que quieras ir contando...
Y al respirar, intenta ser quien ponga el aire que al inhalar te traiga el mundo de esta parte..."
Vetusta Morla - Al respirar

lunes, 7 de junio de 2010

No tomarás el nombre de Dios en vano

"El amor es la preocupación activa por la vida y el crecimiento de lo que amamos"
Erich Fromm

"Oh, life is bigger,
it's bigger than you
and you are not me"
R.E.M.

"Guárdense las palabras donde quede la coherencia"
Eva Danaus

"Nuestros nombres tienen tres letras", le dijo él acompañando su mensaje con una mirada de esas que dejan huella. "Ya, ¿y qué?", contestó ella, intentando parecer imperturbable, protegiéndose, o eso pensaba, con un recién inventado escudo de papel de fumar. Ya era tarde, o ciñéndonos a lo que marcaba el reloj, más bien temprano, pero tarde para obviar lo que acababa de ocurrir. Le había inoculado algo, y en ese momento no podía saber bien qué era. Pero al margen de lo que, embriagada, ella podía percibir, inconscientemente los engranajes comenzaron a girar. El romanticismo la enfermó paulatinamente, a modo de analogía de los capicúas del círculo polar. La metástasis fue cada vez a más, echando a perder cada célula, infectando nuevas partes de su ser. Cuando quiso darse cuenta, el cáncer ya era irremediable, sólo quedaba la alternativa de la inmolación. Y lo hizo, ella siempre llegaba hasta el final, pues era la manera que tenía de sentirse viva. En nombre de un artificio llamado amor, que poco o nada tiene que ver con el real significado de éste, aguantó, soñó, esperó. Lloró, sufrió, se lastimó, perdió. Se lamentó, su cuerpo menguó, su mente la traicionó. Se regaló entera. Y él no estaba. No estuvo nunca, a pesar de los gritos ahogados, de los duelos encubiertos de vidas perdidas. No estaba cuando le llamaba. Ni siquiera concebía el alcance de las consecuencias de sus actos. Su ombligo le tenía demasiado ocupado. Pero seguía, él seguía, usando el nombre de Dios en vano. Puede que como un juez cometiendo prevaricación. Quizás como un ignorante que persiste en su error. Sin duda, como un infeliz dejando pasar la vida en el mero hecho de respirar. Y sin parar de llevarse por delante las ilusiones de quien se cruzase en su camino.
Eva

1 comentario:

  1. Anónimo9/6/10 12:46

    Sólo hay una interjección para definir este post: ¡ouch!

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