"Te he dejado en el sillón las pinturas y una historia en blanco... No hay principio ni final, sólo lo que quieras ir contando...
Y al respirar, intenta ser quien ponga el aire que al inhalar te traiga el mundo de esta parte..."
Vetusta Morla - Al respirar

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Cara & Cruz

Santander amaneció cubierto de un gris denso y un aire apocalíptico. No mucho tiempo antes el sol había campado a sus anchas por toda la largura de su costa, durante un periodo tan prolongado e inusual que la vuelta de las nubes ya no era esperada por defecto, y mucho menos por exceso. Acompañaba esta estampa esa lluvia tan fina y ligera que en lugar de caer de arriba a abajo se daba paseos hacia los lados, como intentando posponer esa muerte inevitable contra el suelo o contra la nodriza mar. Así se sucedió el día. Un viaje planeado, con escala en Madrid, me planteaba el contraste del día, en pocas horas me encontraría con los amarillos trigo del secarral de la meseta.

Llegué a Parayas por primera vez con demasiado tiempo de antelación. Error de novata, nada tenía que ver con la laberíntica y contrahumana T4 madrileña. Embarqué y ocupé mi asiento low-cost. El despegue fue turbulento, como siempre, parece que cada día los pilotos son menos vocacionales. Comenzamos a ascender, pronto nos adentramos en ese tupido gris cerrado y... Voilà! De repente aparecimos en el paraíso. Era el puro paraíso, era el cielo de postal. Una capa tan mullida de nubes blancas bajo el avión, un cielo tan esplendorosamente azul por encima y hasta el infinito, los rayos de sol inundándolo todo. Parecía que en cualquier momento aparecería por algún lado ese dios infantilizado con barba blanca y mirada entrañable que todos los criados bajo el yugo del catolicismo hemos imaginado en algún momento. A lo mejor comiendo Philadelphia para desayunar.

La palanca de emergencia estaba a treinta centímetros de mi mano, y se me pasó fugazmente por la cabeza tirar y probar ese aparentemente mullido colchón de nubes, muriendo todavía en el silencio de la muga troposférica. Y parecía increíble que ese melancólico, hasta siniestro gris y ese Edén particular patrocinado por Ryanair formaran las extrañas dos caras de la misma moneda.
Eva

3 comentarios:

  1. La culpa de esos despegues la tiene Ryanair, sus aviones son de lo más cutre y anticuado que puedas encontrar en cualquier compañía. Aunque también tienen su encanto las turbulencias, siempre ves a alguien agarrándose al asiento con cara de "¡oh, mierda, vamos a morir!" y te puedes echar unas risas...

    Ains, que paisajes idílicos nos regalan los aviones cuando al cielo le da por estar en plan divino.

    Quién pudiera escapar de la rutina de la oficina para sumergirse en esas nubes.

    ¡Un saludo!

    Oski

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  2. Anónimo1/9/10 15:41

    ¡Qué buena descripción!
    GSF

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  3. ¡Me encanta! Por cierto...estuve el mes pasado unos días en Comillas (Santander)pero el viaje duró menos de lo planeado, surgió un imprevisto y tuvimos q volvernos...así q no te llamé, sorry! Pero espero q cuando vuelvas por estas tierras me informes ok? Que tenemos q vernos! Qué tal todo?? Un besaco!

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