"Te he dejado en el sillón las pinturas y una historia en blanco... No hay principio ni final, sólo lo que quieras ir contando...
Y al respirar, intenta ser quien ponga el aire que al inhalar te traiga el mundo de esta parte..."
Vetusta Morla - Al respirar

domingo, 12 de agosto de 2012

Cinismo

"Tengo silencios de dinamita
y un pasado de relojería"
La Cabra Mecánica - Como un animal

Se sentía más realista que nunca. A estas alturas, cierta ponzoña corría por sus venas, esa que envenena los buenos sentimientos con rencor, rabia y misantropía. Era la dosis perfecta de realidad desencantada en su mundo de pájaros y mariposas. Había visto, oído y vivido tanto en tan poco tiempo, que destilaba puro agnosticismo del infierno de la vida humana por los cuatro costados. Filantropía manifiesta. Misantropía real. La hipocresía, esa característica tan puramente humana, tan teatrera y en ocasiones cobarde, la había contagiado a ella también. Y ella no se resistía al cambio. Se decía que la honestidad es un preciado bien para quien bien lo merece. 

Ciertos apologistas de esa cualidad se le descubrieron como sumum del cinismo algún tiempo atrás, como ya hubieran hecho otros personajes encubriendo personas en cada uno de los rincones de la tierra, como tantos otros que le quedaban por conocer. Algunos, de tinte maquiavélico y tóxico, practicaban deportivamente el cinismo. Podían llegar a ser realmente peligrosos si al cóctel se le añadía una prudencial dosis de ingenuidad e inocencia por la otra parte. Eran ese tipo de personas sobre cuyos nichos se monta un tablao flamenco. Otros, de cariz imbécil, pecaban de tales carencias en su desarrollo cognitivo y/o emocional, que sin querer, y en un derroche de cobardía, se daban al cinismo como aparente sencilla solución a sus conflictos, a modo de avestruces con la cabeza bajo tierra sintiéndose desaparecer.

Sea como fuere, las consecuencias de ambos eran bastante parecidas, casi siempre nefastas: una disminución exponencial del nivel de inocencia en la especie humana. Sí, exponencial, pues el contagio de cinismo podía adquirir tasas cercanas a la pandemia.

Afortunadamente, ante esta calamidad de mundo infecto, todavía quedaba gente bien merecedora de honestidad, escasos especímenes ocultos en los rincones más insospechados, que daban luz a una existencia oscura.
Y ella, dejando atrás el dolor, ya no se sentía ni sola ni marciana.
Eva

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